Maratón de Espadán 2014

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Esta ha sido nuestra segunda participación en este maratón.

Las referencias de tiempo del año anterior de poco nos valían porque lo hicimos cuando apenas llevábamos 6 o 7 meses corriendo.

Este año la habíamos preparado a conciencia, calculando tiempos de paso óptimos y deseados cada pocos kilómetros.

Según nuestras predicciones, si salía todo perfecto, rondaríamos las 5h15m o las 5h30m.

Tras una semana bastante nervioso, por fin llega el domingo. No se que pasa, pero los días de carrera hago todo más rápido.

Me despierto a las 5:50, desayuno con calma, me visto y salgo a por mi hermano. A las 7:00 ya estábamos los dos en el coche camino de Segorbe.

7:25, aparcamos cerca de la salida/meta, y nos acercamos a por el dorsal. Acababan de abrir y allí solo había algún que otro @zancadasvlc madrugador. Recogemos el dorsal y el chip y empezamos a encontrarnos a compañeros del club: Javi, Pony, Sucman con Laura, Julius, Carla, etc. Nosotros nos vamos hacia el coche, a cambiarnos de ropa e intentar relajarnos un poco.

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8:30, salimos del coche y nos dirigimos al C.P Pintor Camarón, zona de salida y meta. Allí vemos ya al resto de compañeros del club. Abrazos, palabras de ánimo y fotaza de grupo.

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Calentamos un poco, dando vueltas dentro del colegio.

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A las 8:50 nos colocamos en los «cajones» de salida. Una buena idea de la organización, pero que queda casi inútil por dos motivos:

– El rango de horarios era muy elevado (menos de 4 horas, menos de 5 horas, menos de 6 horas) .

– Los corredores no solemos respetar esas indicaciones, ya que pensamos que nadie lo va a hacer.

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A falta de un par de minutos para las 9:00 abren las vallas y nos tiramos todos como locos para colocarnos lo más adelante posible. Parece ser que el tapón del km 3 tiene asustado a mucha gente.

Dan la salida y allá que nos vamos. A un ritmo un poco alto para mi gusto, pero era lo que tocaba para evitar los temidos embudos.

Llegamos al km 3, subimos sin problemas, rápidos, mi hermano delante, tirando una barbaridad, se le nota fresco y yo voy algo justo.

Le noto la vena competitiva que lleva dentro, en cuanto nos pasa alguien se gira para ver como voy e intentar tirar.

Llega el primer avituallamiento, apenas paramos unos segundos y continuamos. Compartimos unos metros con Jose Luís Bañuls (gran carrera la suya).

En el kilómetro 8 aproximadamente me comenta que vamos unos 800 metros por delante del tiempo óptimo, es decir, unos 4/5 minutos. Le digo que podríamos relajarnos un poco, pero me dice que no, que no vamos forzando….. será el, porque yo le insisto en que voy un poco agobiado.

En este tramo nos encontramos a Oscar y al poco nos alcanza Julius.

Llegamos a Vall de Almonacid y empezamos a ver las primeras caras conocidas de compañeros que se han acercado a vernos. Mario, Rubén y su mujer y Chispi entre otros.

Mínima parada en el avituallamiento y seguimos. Le digo a mi hermano que necesito parar a mear. Llevo diciéndoselo un rato ¡¡¡¡pero se hace el loco!!!! Al final me paro. En ese momento llegan Víctor y Onofre. Que alegría cruzarte con tanto conocido en la carrera.

Comemos un poco y empezamos la subida al Bellido. Creo que fue aquí donde empecé a «cagarla». Desde la salida casi no había bebido. Mi hermano seguía delante llevando un ritmo demasiado alto para mi, pero yo, cabezón, tiraba detrás. Casi al final de la subida me dice que en el llano hay que apretar, que hemos subido «recuperando». ¿Recuperando? Me he dejado el alma para poder seguirlo y me dice que ¡¡¡»recuperando»!!!

En este momento empiezo a notar lo que, al final, iba a ser mi peor pesadilla en esta carrera, los calambres en la zona del estómago.

Al principio los achacaba al flato, ya que la sensación de dolor era muy similar, pero poco a poco me iba afectando en más sitios. Bajo las costillas, en el centro del estómago y en la zona de debajo del ombligo. Es una sensación extraña para mi, ya que nunca me había pasado. Y empiezo a darle vueltas a la cabeza. ¿Como puedo hacer que deje de dolerme?, ¿me estiro y cojo aire?, ¿corro más recto?… Por mucho que probara, no se me pasaba.  Además, en ese momento, tenemos que subir una pared entre almendros, corta, pero intensa. Allí arriba empiezo a escuchar una voz ronca que chillaba «esos Passatge!!!!». Era Pitbull, otro máquina que había querido venir a vernos.

Me pongo a tirar yo delante, a ver si, a mi ritmo, me recuperaba. Mi hermano pregunta que porqué no tiro más, y en ese momento le respondo mosqueado que no puedo, que me duele una barbaridad.

Al poco pasamos por el desvío de la senda que viene de Almedíjar. Por un instante pensé en retirarme allí mismo, ya que sabía que, bajando por ella, en 15 minutos estaba en el pueblo y allí estaban mis padres, con lo que me podrían llevar en coche hasta Segorbe. Pero decido tirar un poco más a ver que tal.

Subimos a un ritmo muy lento, donde nos pasan decenas de corredores, hasta el desvío del barranco malo. Sigo delante y, aunque no soy consciente de ello, vamos lentísimos.

Le digo a mi hermano que se vaya. Jose Luís, que venía con nosotros un rato, se ofrece a acompañarme (gran gesto, máquina) pero mi hermano se empeña en seguir conmigo.

La bajada por el barranco malo es un auténtico suplicio. Al tener que ir controlando en la bajada, los impactos en la zona abdominal eran terribles.

Al final, viendo lo mal que voy, le digo que tire el, que me iba a retirar. No  lo tenía del todo claro, pero era la única forma de que se fuera e hiciera la carrera que podía hacer. Sé lo competitivo que es y veía lo fresco que se encontraba, no quería fastidiarle. Y menos mal que lo hice así, menudo tiempazo Miguelón!!!!!

No paro de pensar en mis hijos y en mi mujer. Se que eso me da fuerzas, ya me funcionó en el Aneto. Y aquí tocaba ser fuerte sí o sí.

Me tomo la subida hacia el avituallamiento de antes de la subida al pico como una prueba, a ver que tal voy y si decido subir al pico o retirarme e ir hacia Almedíjar por la pista.

Subo muy lento, pasos tranquilos, intentando respirar. Los dolores me hacen ir aún más encorvado.

Llego a los 100 metros de pista llana antes de la subida. Intento trotar y vuelven los dolores. Creo que me voy a retirar.

En ese momento veo a Juanito, que nos había pasado en la bajada del barranco, como tantos y tantos corredores. Está comiendo en el avituallamiento. Tiene mala cara.

– ¿Juanito, como vás?

– Jodido. ¿Y tu?

– Pufff, ni te cuento.

– ¿Tiramos para arriba?

– Venga!!!

No se porqué, pero el ver a otro compañero también con problemas pero con ganas de seguir, me hizo tirar adelante y terminar como fuera la carrera.

La subida fue un suplicio. Parecía un elefante andando, un poco de lado a lado. Además, en los pocos tramos que encontraba algún llano, no podía correr y aprovechaba para ponerme recto y coger aire mientras andaba. Estaba encabezonado y quería llegar arriba.

En el pico me encuentro a Juan de nuevo. Está parado, lleva los cuádriceps como piedras. Descansamos un poco. En ese momento nos pasa como una flecha Luisa, quinta chica en ese punto. Enhorabuena a ti también por la carrera.

Empezamos la bajada muy despacio. A los pocos minutos nos giramos. Hemos hecho una buena cola, pero el resto tampoco irían muy bien, porque ninguno pedía paso.

Nos cruzamos con Susana, mujer de Onofre, que nos saca una sonrisa para hacernos una foto (mil gracias!!!).

Sigo pensando en mi hermano. Calculo que lo va a hacer de lujo. Me hubiera encantado ir con el pero, sinceramente, ese ritmo era imposible para mi. De hecho, según nuestros cálculos, si hacíamos pico en 3 horas, podríamos acabar en 5h15m aproximadamente. El hizo pico en 2h50m. Juanito y yo en 3h05m.

Bajamos hasta el collado de la Ibola. Escucho de nuevo gritos de ánimo. Allí están Carla y Laura, la mujer de Sucman. Ya saben de mi estado y se preocupan por mi. Se ofrecen a que les deje algo si me sobra. Muchas gracias chicas, hicisteis más llevaderos esos momentos.

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Empezamos a bajar buscando el barranco de Almanzor. Juanito se me va. No puedo correr por debajo de 6min/km. Los dolores vuelven a aparecer y me obligan a doblarme un poco para disminuirlos.

Bajando por Almanzor me encuentro a varios conocidos de Almedíjar. Me dan muchos ánimos. Menuda maravilla. Como me hubiera gustado pasar en mejores condiciones para poder dedicarles alguna sonrisa, pero me era imposible.

Llego a Almedíjar. Esto me motiva bastante, al menos a nivel psicológico, porque las piernas no me van. Veo a Miguel hablando con Inma. Saludo rápido y hacia el avituallamiento.

Allí está mi madre. Otra alegría que me ofrece esta carrera.

Mi hermano le ha dicho que me había retirado. Me acompaña unos metros y me dice que mi padre está esperando con el coche para llevarme a Segorbe. Le digo que «ni de coña», que la voy a acabar. Se enfada un poco, pero ya se sabe, una madre es una madre.

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En ese momento llega otro de los subidones de la mañana. Escucho gritos de ánimo, aplausos, mi nombre, y allí me encuentro a un grandísimo grupo de gente del Som. Aina, Celia, Lidia,  Manolo, Sofía, María, Belén…. Espero no dejarme a nadie.  Me supo fatal no poder atenderles mejor pero, como he dicho, no me encontraba para mucha fiesta.

Eso si, moralmente me vinieron de maravilla. Y cuando ya pensaba que seguía solo, al otro lado del puente me encuentro a Tomás, esperando pacientemente para hacerme una foto. ¡Que grande eres!

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Continúo hacia Castellnovo. Soy consciente de que me acerco a uno de los peores tramos de la carrera. El haber bebido poco empieza a hacer mella. Tengo que parar a mear cada 10 minutos. Meo muy poco y de un color algo preocupante. Además la sensación es de tener ganas cada poco.

Paso como puedo el pequeño pero intenso repecho, rampa en el abductor incluida, y ya noto cerca Castellnovo.

Como, bebo y empiezo a pensar en el tramo de las cañas. ¡Que manía le tengo!

Me refresco en una acequia que va paralela al camino. Cualquier ayuda es buena. Converso con un par de corredores que me cruzo por el camino. Casi todos me pasan. Voy hecho polvo. Los gemelos amagan con subirse, los abductores, más de lo mismo.

Por fin llego al temido cañar. Serpenteo por el camino abierto, sé que Segorbe está cerca. Los carteles de los punto kilométricos no llegan nunca. Hace calor. Miro el gps cada minuto. Parece que no avanzo.

Kilómetro 40. Veo Segorbe, pero no llego nunca, parece que lo estamos bordeando sin parar.

Kilómetro 41. Ya llega la rampa asfaltada por la que se entra al pueblo y en ese momento veo bajar a mi hermano. Se me hace un nudo en la garganta. Baja trotando hasta donde me encuentro y me acompaña. Me da ese empujoncito final para que no me pare a andar.

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Me anima. Me cuenta quien me espera en meta. Me da la enhorabuena por no haberme retirado. Le pregunto su tiempo y, muy modesto, no me lo quiere decir. Solo me dice: Ponte guapo que te están esperando. Luego, de camino al coche, me confesó que se le escapó una lagrimilla al llegar a meta, pensando en mi, ya que desde el principio pensamos en hacerla juntos. Se siente culpable. No te preocupes, otra vez será.

Casi en la curva vuelvo a escuchar gritos de ánimo y mi nombre. Así es imposible no acabar la carrera. Menuda marea del Som desplazada por todas partes. Ahí están Maite, Saray y Mayte. ¡Menuda manera de animar, gritar y aplaudir!

Llego a la curva, veo el colegio. Mi hermano se aparta para dejarme ese momento de gloria. Y ahí están mis padres. Sonrisa de oreja a oreja y aplaudiendo sin parar. Por fin, la meta. Me paro. Me duele todo. Pero he terminado. Miro el reloj. 5h42m. No está mal. Para lo mal que lo he pasado, he llegado 12 minutos sobre el tiempo que pensaba hacer y 22 sobre el óptimo que llevaba como objetivo.

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Recojo mi bocadillo, mi cerveza y salgo al patio. Allí estaban los compañeros que ya habían acabado.

Abrazos, comentarios, risas, felicitaciones, anécdotas… Así da gusto. Chicos, sois un grupo cojonudo y unas excelentes personas.

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Poco a poco van llegando el resto de compañeros. Les recibimos con aplausos. Muchos de ellos debutaban en esta distancia y han acabado como campeones.

Tengo que decir que estoy muy orgulloso de pertenecer a este club, recordar que hemos sido el más numeroso ni más ni menos que en un maratón de montaña.

Desde primeras horas de la mañana hasta que prácticamente ha entrado el último habéis estado ahí. Cada uno aportando su granito de arena, animando y apoyando al compañero.

Y os dejo una foto que resume, a mi entender, el gran sentimiento de club que tenemos tod@s:

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De camino a casa vuelvo a pensar en mis hijos. Se que me van a preguntar y pienso como decírselo sin que se sientan decepcionados.

Una vez más me demostraron la gran inocencia de los niños.  Así fue la conversación:

– Papi, ¿cuantos habéis corrido hoy?

– 1000 personas.

– ¿Has ganado?

– No cariño.

– ¿Y como has quedado?

– El 300 (en ese momento no sabía mi posición, realmente acabé el 428). El papi estaba muy cansado y la carrera era muy larga.

– Bueno, no pasa nada, el 300 está un poquito bien.

Casi se me cae el alma a los pies. Menuda alegría me llevé. Yo pensando que se iban a sentir decepcionados y me contestan eso. ¡¡¡¡¡¡Como os quiero!!!!!!!!

Nota: Fotos sacadas de las publicaciones de Facebook de los compañeros del club.

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